miércoles, 21 de octubre de 2009

Decir

El sol le tocó un pie, rozándolo e iluminándolo de forma suave. De repente otro rayo de luz matutina le dio de pleno en el rostro.
Laura se revolvió en la cama donde había dormido unas pocas y relajantes horas después de su jornada de trabajo en la cafetería de la calle atrás.
Y aunque no estaba nada dispuesta a ello, un pensamiento de consciencia se fue abriendo paso en su adormilada mente, poco a poco se hizo más nítido para ella, más real.
El hospital, el accidente, su madre.
Al mismo tiempo la luz se va haciendo mas intensa en la habitación y llegan a sus oídos los primeros sonidos de aquel dia: tráfico, voces lejanas…
Se podría decir que Laura está ya completamente despierta aunque se ve incapaz de frenar el torrente de pensamientos y emociones que le vienen a la cabeza.
Ahora no esta trabajando como loca ni ocupando su mente en todo lo que se lo ocurre que sea lo bastante estresante como para no pensar en nada mas. Es ahora, a primera hora del dia, recién despierta de su sueño cuando la atacan esos sentimientos que ella con tanto empeño se ha encargado de ocultar para no hacerse más daño. Y lo vuelve a intentar.
Ya es tarde para eso, ya se han colado esos pensamientos por la rendija más diminuta de sus defensas.
¿Cómo puede estar pasando? ¿Cómo es que todo ha ido tan mal?
Ella y su madre vivían juntas apenas unos meses antes, aunque mas que vivir juntas, discutían juntas.
Las cosas entre ellas se habían puesto bastante desagradables desde que el padre de Laura murió de y en vez de unirse y pasar juntas como madre e hija por todo aquello, se habían separado en casi todos los aspectos y encargado de curarse cada una las heridas. Por separado.
En poco tiempo el mundo cambió muy deprisa para ambas. Ya no se entendían ni se sentían con fuerzas para entenderse.
Al final Laura no aguantó más y después de otra pelea sin sentido con su madre se fue de casa.
Y allí estaba ahora, tendida en la cama. Medio viva- medio muerta, y sintiéndose la persona más ruín y malvada del mundo después de que le avisaran ayer de que su madre había tenido un accidente con el coche, supuestamente se había saltado un STOP y la ingresaran en el Hospital Comarcal.
Esto no podía seguir así, ya no lo aguantaba más. Ella quería a su madre más que ha nada y ya era hora de decirselo a ella bien claro. Ya no quería más peleas, ni mas desencuentros. Era hora de decir la verdad: que la quería y que ya no iba a estar lejos de ella por más tiempo.
Laura se levanta de la cama y se viste apresuradamente con lo primero que ve en el armario. Necesita ir al hospital, necesita decir tantas cosas…
Ya en la calle se monta en el coche y empieza a conducir hacia el norte, dirección al hospital, a su madre y a ella misma.
Al llegar, aparca y después de preguntar en recepción por la habitación de su madre se dirige haciá allí lo más rápido que puede.
Cuando entra a la habitación 206 de la segunda planta no puede evitar sentir una intensa emoción y ternura al ver a su madre en aquella camacon varios vendajes y una triste mirada en el rostro.
Una mirada que se ilumina al ver a Laura en la puerta. No salen las palabras hay demasiado que decir y de la boca de Laura solo sale una frase, aquello por lo que ha venido y ha roto con el mundo de soledad que se había ido creando.
-Te quiero mamá. Esto no puede seguir.- dice con la voz temblorosa.
-Sshhh… calla Laura- dice la madre con lágrimas en los ojos.- Lo sé, ya lo sé hija-.
Laura se abalanza sobre su madre y se quedan así, abrazadas durante un buen rato. Y después cuando consiguen separarse y controlar la inundación en los ojos de ambas, Laura se sienta junto a su madre y le dice todo lo que su corazon ha estado guardando, absolutamente todo.
Y se quedan así, llorando, confesándose mutuamente y riendo por un buen rato.
Se sienten unidas, se sienten por primera vez en mucho tiempo felices y libres.

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