
La princesa no sabe lo que le pasa, o mejor dicho, lo sabe pero no quiere verlo. La princesa un dia tuvo magia en sus entrañas, luz en su cabello, color en sus ojos y fresa en los labios. Eso era cuando vivía en la tierra. A la sombra de los árboles, a la caricia del viento y escuchando el murmullo del agua. Luego, la tierra se le hizo pesada, el sol la cegó, el viento y las sombras le cuartearon la piel y el murmullo del agua se convirtió en un atronador tormento para sus oídos. La princesa corrió entonces, asustada y dolorida. Corrió y corrió como si esa fuera la única razón de su existencia. Corrió como si nunca fuera a ver el final.La lluvia la empapó, la nieve le congeló la entrañas; allí donde una vez hubo magia, asediándole el corazón. La princesa llegó a un palacio, no era su palacio, pero no veia nada más en el inmenso horizonte al que se dirigía. Entró y empezó a sentir el calorcillo de la lumbre, el delicioso aroma de la fruta y el embriagador olor del aterciopelado vino. Justo cuando levantó la vista del exhuberante manjar, lo vió. Ahí estaba, esperándola, aguardando a su princesa. El trono. Su trono. O eso pensó ella. Y como no había ningún otro trono donde descansar de su largo y tortuoso viaje, se sentó.Se sentó y le gustó contemplar desde allí el manjar que tenía a sus pies.Ahora, la princesa vive en su trono y es un trono muy alto. Es tan alto que se eleva por encima de la tierra que un día le hizo tanto mal. El sol ya no llega a tocarle ni un centímetro de su blanca piel. Ya no siente el viento ni oye el correr del agua sobre la tierra.Su piel es suave y resplandeciente ya que no hay viento ni frío, pero si algo de calor procedente de la lumbre eternamente encendida en su palacio.Su hambre está siempre saciada, pues el banquete también es eterno a sus pies.Ella es fuerte en su trono, altiva. Nada ni nadie es capaza de herirla ahora. La princesa es fuerte, o al menos, eso es lo que le gusta pensar a ella. La vida a sido dura con ella, pero ella lo es más. ¡Pobre princesa!...¡pobre niña!...Su piel ansía el sol y el suave aleteo del viento, su cabello ahora es apagado y ceniciento, desea encontra la luz de antaño. Sus ojos, buscan desesperadamente el color perdido, sus labios están secos y cuarteados a la espera del exquisito contacto. El tíbio calor del palacio, ¡ya no le sirve para nada!Y sus entrañas... sus entrañas ansían con toda la fuerza de su corazón la antigua magia, el antiguo esplendor.Y es ahí, en el corazón, donde la princesa nota de repente una chispa vivaz, una chispa de verdad, de amor y de vida.La princesa salta de su altísimo trono y rompe de una vez y para siempre las oscuras defensas que se ha procurado.Corre, corre desesperada acudiendo a la llamada. Es la vida, la fuerza y la grandeza de la vida y del mundo quien la llama. La princesa sale de su palacio y siente en su interior, en todos lados el maravilloso y fascinante fluír del mundo. Bajo sus pies, sobre ella, a su alrededor. La princesa ya no tiene miedo. Sabe que el sol puede herirla, que el viento y el agua pueden hacerle mal. Pero no tiene miedo porque sabe cuál es su lugar. Sabe que la quemadura es parte del sol, que la pesadez es parte de la ligereza, que el frío es parte del calor, que el dolor es parte de la felicidad y que la muerte es parte de la vida. Pero la magia que vuelve a residir en su interior siempre va a estar ahí. Siempre la va a acompañar, hasta su último dia sobre esta tierra. Ahora si es valiente, ahora si es fuerte. Porque en la fuerza también está la debilidad.
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