
En la habitación 203 de maternidad, descansa una joven madre después de un parto agotador.
Parecía que la diminuta niña se negaba en redondo a asomar su cabecita a este gran mundo y demoraba todo lo posible su estancia en el acogedor vientre materno. No obstante, no pudo elegir si salir al mundo o no. Un médico muy gracioso con larga bata blanca hizo esa elección por ella. Son las 03.10 de la madrugada del 4 de diciembre de 1988. Hoy es el nacimiento de Nadia.
Pasan los años y Nadia es una niña que crece feliz, con sus aventuras en el parque de atrás de casa, encantada con las atenciones de mamá y riendo con las ingeniosas bromas de su padre quien se divierte enseñándole a Nadia sus primeras palabras en ruso, con cierta nostalgia hacia su país de origen.
Como muchos de los niños que son hijos únicos, Nadia desea con todas sus fuerzas tener un hermanito o una hermanita, aunque ella preferiría que fuera niña, para poder dejar de jugar en solitario con sus muñecas y su casa en miniatura que la tiene tan fascinada desde que se la compraron por Navidad. Se maravilla de que una casa al completo pueda caber en su cuarto. Es mágico...
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