martes, 9 de febrero de 2010

Nadia. Parte 3


"-¿Alguien sabe la forma de acelerar el tiempo? si alguien la sabe que me la diga por favor...-" piensa.
A Nadia le encantaría saberla y así poder acelerar el cruel reloj de la vida hasta el momento justo de poder ver si su nombre aparece en la lista de ADMITIDAS o por el contrario.... no quiere pensar en lo contrario.
Pero aunque lento, el tiempo pasa y su angustia está a punto de acabar para bien o para mal.
Nadia camina veloz por las calles de su ciudad mientras se sube el suave cuello del abrigo para protegerse del feroz viento que la acompaña en su camino.
Al llegar a la escuela sube las escaleras de la entrada de dos en dos y por poco se cae al tropezar con un molestoso último escalón. "-Estaría bueno que ahora me lesionara...-", piensa mientras se recupera del sobresalto y echa una ojeada por si alguien ha visto su pequeño "casi-accidente".
Abre la puerta y corre hacia el tablón de la entrada. Es aún muy temprano y no hay nadie por los pasillos excepto la secretaria de recepción y el bedel de los viernes.
Corriendo a toda prisa por los largos pasillos, ¡Nadia al fin ve el folio marrón contenedor de su destino!
No se lo puede creer, la impresión la paraliza y un escalofrío le recorre el cuerpo, ¡Ahi está su nombre! ¡Está admitida!
Ríe y salta despreocupadamente en medio del pasillo con la alegría de quien siente que ha ganado una lucha y la ha ganado bien. Admitida, admitida al fin. Ahora puede respirar, ya no tiene la duda que le atormentaba continúamente. Ahora ya no hay dudas que valgan, es una de las elegidas. Es una verdadera BAILARINA. Con todas las letras.
Mientras se gira para marcharse, Nadia coge el móvil y empieza a marcar el número de su madre.
- ¿Dígame?- contesta una adormilada voz al otro lado del teléfono.
-¡Mamá! ¡Que me han cogido! ¡Me han cogido!- dice Nadia mientras con los ojos radiantes de felicidad da aún otro saltito más.
- ¡ Me alegro muchísimo cariño! ¿ves?, ya te lo decía yo. Y tu con esos nervios todo estos dias... si tu padre te viera...
-¡Te quiero mamá!, me voy de aquí que tengo que decírselo a Ana. ¡Te quiero , te quiero! ¡Adiós!
Nadia cuelga el móvil y con una sonrisa de resplandeciente felicidad se gira y camina apresuradamente hacia la salida dando saltitos de pura felicidad. No para de repetirse en voz inaudible "admitida, admitida".
Cuando sale a la calle un frío viento le golpea en el rostro y le revuelve el cabello, no le importa, ahora mismo no le importa nada que no tenga que ver con la carrera que está apunto de emprender. La carrera más importante de su vida, la de bailarina.
Nadia mira hacía el encapotado cielo y se apresura en cruzar la plaza en la que se haya. Por un momento recuerda que fué en la misma plaza en la que se encuentra ahora en la que hace apenas un año y medio se sentaba con su padre los dias de calor en verano y entre helados, horchatas y conversaciones sin demasiado sentido pero que siempre les arrancaban a ambos sonoras carcajadas las horas pasaban volando. Fué un verano feliz. Justo antes de... Nadia no quiere acordarse de lo que pasó después, le duele demasiado. No quiere empañar su gran momento y echarse a llorar en medio de la calle así que se esfuerza en borrar de su mente los últimos pensamientos.
Es entonces, mientras trata de pensar en lo que le dirá Ana al conocer la gran noticia cuando una ráfaga de viento inesperado la sacude y le arrebata el pañuelo gris que lleva protegiéndole el cuello. El pañuelo vuela y cae dibujando suaves espirales sobre el frío pavimento de la plaza.
Nadia corre a recuperarlo pero se da cuenta de que ya se han ocupado de hacerlo por ella. Ve como un chico alto se agacha para recogerlo y mirando hacia ella empieza a caminar en su dirección.

1 comentario:

  1. me gustó la continuación de nadia , sigues muy fielmente con la historia y no hay cambios de esquema de la historia , eso es muy bueno y cuesta mucho que la historia siga con los hechos correlativamente .

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