
-¿Es tuyo, verdad? he visto como ha volado desde tu dirección.
-Si-contesta Nadia alzando la mano para recogerlo y sonriendo ante aquel chico tan amable-. Gracias.
Nadia coge el pañuelo y al momento de acercárselo roza ligeramente con las puntas de los dedos la mano del joven que le extiende la prenda. Podría echarle la culpa al frío clima o quizás al sobresalto que le había procurado aquel inesperado soplo de viento pero Nadia nunca había sido una mentirosa y no iba a empezar ahora. Lo cierto es que sintió un escalofrío parecido al que sentiría si una fresca brisa le acariciara la piel en el día más caluroso del verano. Su corazón dio un respingo y automáticamente su cuerpo también ya que sintió como daba un pequeño saltito y su cara se paralizaba por un instante.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el chico.
-¡Si si! perfectamente es solo que tengo un poco de frío- contesta Nadia intentando sonreír y borrar de su cara esa expresión idiota que sabía que había puesto al sentir el escalofrío- Gracias de nuevo por el pañuelo-. De nuevo le sonrió y se apresuró a alejarse un paso del chico decidida a darse la vuelta.
-De nada- le contestó el joven. Él se alejó otro paso y cuando Nadia al fin se dio la vuelta para marcharse y emprender de nuevo su camino oyó una voz a su espalda: - Perdona, me llamo Álex. ¿Te puedo preguntar algo? ¿Eres bailarina? como aquí enfrente está la escuela de ballet... ¿o quizás trabajas por aquí?
Nadia se acercó a él y con algo de desconcierto lo miró a los ojos y bajando al instante su mirada de la azulada de él le contestó: -Si, soy bailarina. Me llamo Nadia. Justo ahora acabo de salir de la escuela.- No supo porque pero sintió el deseo de decirle lo de la prueba y contarle lo contentísima que estaba por haber sido admitida pero se contuvo en el último momento. "No me conoce de nada" pensó, "¿que le va a importar mi prueba. Cállate y no seas idiota".
-¿Si? ¿bailarina? ¿en serio? ¡vaya! yo paso a menudo por aqui pero nunca había conocido a una bailarina- le dijo él mientras le sonreía como si conocer a una bailarina fuera el regalo más grande que le podía hacer la vida a alguien.
A Nadia le temblaron las manos y sonrió de forma involuntaria mientras se perdía en los bonitos rasgos que poseía el joven al sonreír. "Tiene un rostro muy dulce" pensó Nadia, "Casi parece un niño juguetón, aunque los niños juguetones no tienen esos labios, ¿o si?" Se apartó el rojizo cabello de la cara y le contestó: - Me alegro de ser la primera entonces-.
-Oye Nadia, ¿te importa si te acompaño un poco? me hago guardián de tu pañuelo para que no se te vuelva a escapar si quieres- y de nuevo aquella sonrisa deslumbrante- ¿que me dices?.
- ¿Quieres acompañarme? ¿porqué?- Nadia no se lo podía creer, aunque lo cierto es que la idea le ilusionaba sobremanera sin que lo pudiera entender ya que era un completo desconocido y la gente no acostumbraba a hacer esas cosas. "¿y si es peligroso?" pensó de repente. "Me arriesgaré" pensó después de sentir su corazón brincando alegremente ante la perspectiva de prolongar un poco más aquel fortuito encuentro con... ¿como se llamaba? ah, si, Álex.
-De acuerdo- le contestó- pero no me gustaría entretenerte ni nada...-.
-No te preocupes por eso, no tenía nada importante que hacer.-
Álex le arregló el pañuelo que se le había descolocado a Nadia y los dos emprendieron camino, uno al lado del otro, caminando casi con parsimonia.
-Si-contesta Nadia alzando la mano para recogerlo y sonriendo ante aquel chico tan amable-. Gracias.
Nadia coge el pañuelo y al momento de acercárselo roza ligeramente con las puntas de los dedos la mano del joven que le extiende la prenda. Podría echarle la culpa al frío clima o quizás al sobresalto que le había procurado aquel inesperado soplo de viento pero Nadia nunca había sido una mentirosa y no iba a empezar ahora. Lo cierto es que sintió un escalofrío parecido al que sentiría si una fresca brisa le acariciara la piel en el día más caluroso del verano. Su corazón dio un respingo y automáticamente su cuerpo también ya que sintió como daba un pequeño saltito y su cara se paralizaba por un instante.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el chico.
-¡Si si! perfectamente es solo que tengo un poco de frío- contesta Nadia intentando sonreír y borrar de su cara esa expresión idiota que sabía que había puesto al sentir el escalofrío- Gracias de nuevo por el pañuelo-. De nuevo le sonrió y se apresuró a alejarse un paso del chico decidida a darse la vuelta.
-De nada- le contestó el joven. Él se alejó otro paso y cuando Nadia al fin se dio la vuelta para marcharse y emprender de nuevo su camino oyó una voz a su espalda: - Perdona, me llamo Álex. ¿Te puedo preguntar algo? ¿Eres bailarina? como aquí enfrente está la escuela de ballet... ¿o quizás trabajas por aquí?
Nadia se acercó a él y con algo de desconcierto lo miró a los ojos y bajando al instante su mirada de la azulada de él le contestó: -Si, soy bailarina. Me llamo Nadia. Justo ahora acabo de salir de la escuela.- No supo porque pero sintió el deseo de decirle lo de la prueba y contarle lo contentísima que estaba por haber sido admitida pero se contuvo en el último momento. "No me conoce de nada" pensó, "¿que le va a importar mi prueba. Cállate y no seas idiota".
-¿Si? ¿bailarina? ¿en serio? ¡vaya! yo paso a menudo por aqui pero nunca había conocido a una bailarina- le dijo él mientras le sonreía como si conocer a una bailarina fuera el regalo más grande que le podía hacer la vida a alguien.
A Nadia le temblaron las manos y sonrió de forma involuntaria mientras se perdía en los bonitos rasgos que poseía el joven al sonreír. "Tiene un rostro muy dulce" pensó Nadia, "Casi parece un niño juguetón, aunque los niños juguetones no tienen esos labios, ¿o si?" Se apartó el rojizo cabello de la cara y le contestó: - Me alegro de ser la primera entonces-.
-Oye Nadia, ¿te importa si te acompaño un poco? me hago guardián de tu pañuelo para que no se te vuelva a escapar si quieres- y de nuevo aquella sonrisa deslumbrante- ¿que me dices?.
- ¿Quieres acompañarme? ¿porqué?- Nadia no se lo podía creer, aunque lo cierto es que la idea le ilusionaba sobremanera sin que lo pudiera entender ya que era un completo desconocido y la gente no acostumbraba a hacer esas cosas. "¿y si es peligroso?" pensó de repente. "Me arriesgaré" pensó después de sentir su corazón brincando alegremente ante la perspectiva de prolongar un poco más aquel fortuito encuentro con... ¿como se llamaba? ah, si, Álex.
-De acuerdo- le contestó- pero no me gustaría entretenerte ni nada...-.
-No te preocupes por eso, no tenía nada importante que hacer.-
Álex le arregló el pañuelo que se le había descolocado a Nadia y los dos emprendieron camino, uno al lado del otro, caminando casi con parsimonia.
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