lunes, 15 de febrero de 2010
Y llegó el momento. LLegó el momento de despojarme de las pesadas ropas mientras fijo mi mirada en ti. Ha llegado el instante en que necesito desabotonar mi camisa y descender despacito, muy despacito, los tirantes de mi ropa interior hasta converirla en un destello algodonado alrededor de mis pies. Y te miro. Te miro mientras tu me miras y me regodeo en mi propia fortuna mientras dejo que la tenue luz acaricie mi piel como el sol acaricia al amanecer las esculturales siluetas del paraíso instantes antes de que el avezado aventurero trace mapas de amor sobre ellas. Y te miro. Y tu me miras.
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