miércoles, 17 de febrero de 2010

Nadia. Parte 4.


-¿Es tuyo, verdad? he visto como ha volado desde tu dirección.
-Si-contesta Nadia alzando la mano para recogerlo y sonriendo ante aquel chico tan amable-. Gracias.
Nadia coge el pañuelo y al momento de acercárselo roza ligeramente con las puntas de los dedos la mano del joven que le extiende la prenda. Podría echarle la culpa al frío clima o quizás al sobresalto que le había procurado aquel inesperado soplo de viento pero Nadia nunca había sido una mentirosa y no iba a empezar ahora. Lo cierto es que sintió un escalofrío parecido al que sentiría si una fresca brisa le acariciara la piel en el día más caluroso del verano. Su corazón dio un respingo y automáticamente su cuerpo también ya que sintió como daba un pequeño saltito y su cara se paralizaba por un instante.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el chico.
-¡Si si! perfectamente es solo que tengo un poco de frío- contesta Nadia intentando sonreír y borrar de su cara esa expresión idiota que sabía que había puesto al sentir el escalofrío- Gracias de nuevo por el pañuelo-. De nuevo le sonrió y se apresuró a alejarse un paso del chico decidida a darse la vuelta.
-De nada- le contestó el joven. Él se alejó otro paso y cuando Nadia al fin se dio la vuelta para marcharse y emprender de nuevo su camino oyó una voz a su espalda: - Perdona, me llamo Álex. ¿Te puedo preguntar algo? ¿Eres bailarina? como aquí enfrente está la escuela de ballet... ¿o quizás trabajas por aquí?
Nadia se acercó a él y con algo de desconcierto lo miró a los ojos y bajando al instante su mirada de la azulada de él le contestó: -Si, soy bailarina. Me llamo Nadia. Justo ahora acabo de salir de la escuela.- No supo porque pero sintió el deseo de decirle lo de la prueba y contarle lo contentísima que estaba por haber sido admitida pero se contuvo en el último momento. "No me conoce de nada" pensó, "¿que le va a importar mi prueba. Cállate y no seas idiota".
-¿Si? ¿bailarina? ¿en serio? ¡vaya! yo paso a menudo por aqui pero nunca había conocido a una bailarina- le dijo él mientras le sonreía como si conocer a una bailarina fuera el regalo más grande que le podía hacer la vida a alguien.
A Nadia le temblaron las manos y sonrió de forma involuntaria mientras se perdía en los bonitos rasgos que poseía el joven al sonreír. "Tiene un rostro muy dulce" pensó Nadia, "Casi parece un niño juguetón, aunque los niños juguetones no tienen esos labios, ¿o si?" Se apartó el rojizo cabello de la cara y le contestó: - Me alegro de ser la primera entonces-.
-Oye Nadia, ¿te importa si te acompaño un poco? me hago guardián de tu pañuelo para que no se te vuelva a escapar si quieres- y de nuevo aquella sonrisa deslumbrante- ¿que me dices?.
- ¿Quieres acompañarme? ¿porqué?- Nadia no se lo podía creer, aunque lo cierto es que la idea le ilusionaba sobremanera sin que lo pudiera entender ya que era un completo desconocido y la gente no acostumbraba a hacer esas cosas. "¿y si es peligroso?" pensó de repente. "Me arriesgaré" pensó después de sentir su corazón brincando alegremente ante la perspectiva de prolongar un poco más aquel fortuito encuentro con... ¿como se llamaba? ah, si, Álex.
-De acuerdo- le contestó- pero no me gustaría entretenerte ni nada...-.
-No te preocupes por eso, no tenía nada importante que hacer.-
Álex le arregló el pañuelo que se le había descolocado a Nadia y los dos emprendieron camino, uno al lado del otro, caminando casi con parsimonia.

lunes, 15 de febrero de 2010

Y llegó el momento. LLegó el momento de despojarme de las pesadas ropas mientras fijo mi mirada en ti. Ha llegado el instante en que necesito desabotonar mi camisa y descender despacito, muy despacito, los tirantes de mi ropa interior hasta converirla en un destello algodonado alrededor de mis pies. Y te miro. Te miro mientras tu me miras y me regodeo en mi propia fortuna mientras dejo que la tenue luz acaricie mi piel como el sol acaricia al amanecer las esculturales siluetas del paraíso instantes antes de que el avezado aventurero trace mapas de amor sobre ellas. Y te miro. Y tu me miras.

martes, 9 de febrero de 2010

Nadia. Parte 3


"-¿Alguien sabe la forma de acelerar el tiempo? si alguien la sabe que me la diga por favor...-" piensa.
A Nadia le encantaría saberla y así poder acelerar el cruel reloj de la vida hasta el momento justo de poder ver si su nombre aparece en la lista de ADMITIDAS o por el contrario.... no quiere pensar en lo contrario.
Pero aunque lento, el tiempo pasa y su angustia está a punto de acabar para bien o para mal.
Nadia camina veloz por las calles de su ciudad mientras se sube el suave cuello del abrigo para protegerse del feroz viento que la acompaña en su camino.
Al llegar a la escuela sube las escaleras de la entrada de dos en dos y por poco se cae al tropezar con un molestoso último escalón. "-Estaría bueno que ahora me lesionara...-", piensa mientras se recupera del sobresalto y echa una ojeada por si alguien ha visto su pequeño "casi-accidente".
Abre la puerta y corre hacia el tablón de la entrada. Es aún muy temprano y no hay nadie por los pasillos excepto la secretaria de recepción y el bedel de los viernes.
Corriendo a toda prisa por los largos pasillos, ¡Nadia al fin ve el folio marrón contenedor de su destino!
No se lo puede creer, la impresión la paraliza y un escalofrío le recorre el cuerpo, ¡Ahi está su nombre! ¡Está admitida!
Ríe y salta despreocupadamente en medio del pasillo con la alegría de quien siente que ha ganado una lucha y la ha ganado bien. Admitida, admitida al fin. Ahora puede respirar, ya no tiene la duda que le atormentaba continúamente. Ahora ya no hay dudas que valgan, es una de las elegidas. Es una verdadera BAILARINA. Con todas las letras.
Mientras se gira para marcharse, Nadia coge el móvil y empieza a marcar el número de su madre.
- ¿Dígame?- contesta una adormilada voz al otro lado del teléfono.
-¡Mamá! ¡Que me han cogido! ¡Me han cogido!- dice Nadia mientras con los ojos radiantes de felicidad da aún otro saltito más.
- ¡ Me alegro muchísimo cariño! ¿ves?, ya te lo decía yo. Y tu con esos nervios todo estos dias... si tu padre te viera...
-¡Te quiero mamá!, me voy de aquí que tengo que decírselo a Ana. ¡Te quiero , te quiero! ¡Adiós!
Nadia cuelga el móvil y con una sonrisa de resplandeciente felicidad se gira y camina apresuradamente hacia la salida dando saltitos de pura felicidad. No para de repetirse en voz inaudible "admitida, admitida".
Cuando sale a la calle un frío viento le golpea en el rostro y le revuelve el cabello, no le importa, ahora mismo no le importa nada que no tenga que ver con la carrera que está apunto de emprender. La carrera más importante de su vida, la de bailarina.
Nadia mira hacía el encapotado cielo y se apresura en cruzar la plaza en la que se haya. Por un momento recuerda que fué en la misma plaza en la que se encuentra ahora en la que hace apenas un año y medio se sentaba con su padre los dias de calor en verano y entre helados, horchatas y conversaciones sin demasiado sentido pero que siempre les arrancaban a ambos sonoras carcajadas las horas pasaban volando. Fué un verano feliz. Justo antes de... Nadia no quiere acordarse de lo que pasó después, le duele demasiado. No quiere empañar su gran momento y echarse a llorar en medio de la calle así que se esfuerza en borrar de su mente los últimos pensamientos.
Es entonces, mientras trata de pensar en lo que le dirá Ana al conocer la gran noticia cuando una ráfaga de viento inesperado la sacude y le arrebata el pañuelo gris que lleva protegiéndole el cuello. El pañuelo vuela y cae dibujando suaves espirales sobre el frío pavimento de la plaza.
Nadia corre a recuperarlo pero se da cuenta de que ya se han ocupado de hacerlo por ella. Ve como un chico alto se agacha para recogerlo y mirando hacia ella empieza a caminar en su dirección.